Janal Pixan en Puerto Juárez: el latido de una tradición que abraza Cancún

Cuando el mar y la memoria se encuentran

En Puerto Juárez, Cancún, los preparativos ya comenzaron: se escucha el martilleo de los artesanos que reparan figuras, se huele el pan recién horneado y, en las calles, las flores de cempasúchil empiezan a pintar de naranja intenso cada rincón. El Janal Pixan en Puerto Juárez no es solo un festival: es un reencuentro entre vivos y muertos, una manera de decir “no te hemos olvidado” en cada altar, en cada vela encendida, en cada ofrenda de comida que espera paciente a los difuntos.

Quienes han asistido en años pasados saben que esta celebración tiene un poder especial: la brisa del mar se mezcla con la música, y la comunidad entera se transforma en una gran familia que honra a sus ancestros con orgullo y cariño.

Una celebración hecha con el corazón

El Janal Pixan en Puerto Juárez nació del esfuerzo de la gente, y aunque ahora se ha convertido en un evento masivo, no ha perdido su esencia. Este 2025 se espera recibir a más de 60 mil visitantes, pero cada altar, cada catrina y cada procesión sigue conservando ese toque íntimo que lo hace único.

Las familias se reúnen para montar sus altares, los niños ayudan a acomodar las velas y las abuelas cocinan los platillos que sus seres queridos tanto disfrutaban. Todo esto ocurre mientras artesanas, emprendedores y pequeños comerciantes se preparan para ofrecer lo mejor de sí: desde artesanías coloridas hasta antojitos que evocan el verdadero sabor del Caribe mexicano.

Catrinas que cuentan historias

Si algo ha caracterizado al Janal Pixan en Puerto Juárez, son sus catrinas monumentales. No se trata solo de esculturas gigantes: son símbolos de vida, muerte y memoria. Verlas es como escuchar un relato mudo que invita a sonreírle a la muerte y celebrar la vida con respeto.

Este año, la famosa “mega catrina” volverá a erguirse luego de ser restaurada, y promete convertirse de nuevo en el escenario favorito para fotografías, risas y recuerdos compartidos.

El mar como altar sagrado

Uno de los momentos más conmovedores será la procesión marítima. Decenas de lanchas iluminadas recorrerán las aguas de Puerto Juárez, como si el propio mar se convirtiera en altar. Las familias se asoman al muelle, los niños miran con los ojos brillantes y muchos sueltan un suspiro pensando en aquellos que ya no están, pero que, por una noche, parecen regresar con las olas.

Este ritual no solo emociona: también recuerda que la cultura maya siempre tuvo una conexión profunda con el mar, con la naturaleza y con los ciclos de la vida.

Turismo que se enamora de la tradición

El Janal Pixan en Puerto Juárez ha logrado algo que no todos los festivales consiguen: enamorar tanto a la gente local como a los turistas. Cada año, visitantes de todas partes del mundo llegan buscando algo más que playas y hoteles, y lo encuentran en los altares llenos de flores, en las catrinas que vigilan sonrientes y en los sabores de un tamal caliente acompañado de atole.

Este 2025, la Asociación de Hoteles y la Secretaría de Turismo trabajan de la mano para que cada visitante pueda vivir de cerca esta experiencia, llevándose consigo no solo fotos, sino también el recuerdo de una tradición que trasciende fronteras.

Una fiesta que es también impulso para la gente

El festival es, al mismo tiempo, un escaparate para cientos de familias que viven de su talento. Más de 150 artesanos, cocineras y emprendedores participan cada año, mostrando que el Janal Pixan en Puerto Juárez también es una celebración de la vida presente: de la creatividad, del trabajo en comunidad y del orgullo por las raíces mayas.

Cada compra de un recuerdo, cada bocado de comida y cada aplauso a un artista local es un acto de apoyo a quienes mantienen viva esta tradición.

Una invitación a vivirlo

Del 30 de octubre al 2 de noviembre, Puerto Juárez se llenará de color, aromas y sonidos que nos recuerdan que la vida y la muerte son parte de un mismo ciclo. El Janal Pixan en Puerto Juárez no es un festival para ver desde lejos: es una experiencia que se siente en el corazón.

Quienes asistan no solo serán testigos de catrinas gigantes o de altares majestuosos, sino de la unión de una comunidad que, con orgullo y amor, abre sus brazos para compartir con todos la magia del Día de Muertos.

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