Un reconocimiento que celebra la memoria viva de Chichén Itzá
Hay noticias que invitan a detenerse un momento, respirar y recordar por qué el patrimonio cultural de México sigue despertando tanta admiración en el mundo. Una de ellas es el reconocimiento otorgado al Proyecto de Conservación Integral de Chichén Itzá 2022-2024, que recientemente recibió el Premio Paul Coremans / Laura Mora, otorgado por el INAH.
Lo que está detrás de este premio no es solo un nombre o un documento oficial: es el reflejo de años de trabajo silencioso, de manos que cuidan, restauran y escuchan lo que las piedras quieren decir.
🔍 La conservación de Chichén Itzá, vista desde adentro
Cualquiera que haya visitado Chichén Itzá sabe que no es un sitio arqueológico más. Es un lugar que respira historia, que cambia con la luz del día y que recibe millones de visitantes al año. Mantenerlo en pie, con dignidad y con el respeto que merece, no es una tarea sencilla.
Por eso este proyecto se propuso algo más que “arreglar” estructuras: buscó entender cómo envejecen los materiales, cómo afecta la humedad, qué zonas están debilitándose y qué partes podrían revelar nuevos fragmentos de historia. Ese enfoque hizo posible una conservación de Chichén Itzá más profunda, más honesta y mucho más cercana a lo que exige un sitio de su tamaño e importancia.
🛠️ El trabajo que no se ve, pero que sostiene todo
Durante tres años, equipos de restauradores, arqueólogos, arquitectos y especialistas caminaron el sitio una y otra vez. Tomaron notas, midieron temperaturas, revisaron grietas que a simple vista casi no existen, y registraron cada hallazgo con una paciencia que solo da la experiencia.
Se intervinieron 22 zonas distintas: muros debilitados, relieves que empezaban a perder definición, áreas donde el sol y el agua ya habían dejado huella. También se atendieron pinturas, estucos, mosaicos y elementos que requieren una delicadeza extrema para no alterar su esencia.
No fue un trabajo improvisado. Hubo tecnología, claro, pero usada desde el conocimiento:
- cámaras termográficas para entender por dónde respira la piedra,
- nanomateriales para fortalecer partes frágiles,
- ortofotos detalladas para observar lo que el ojo humano no alcanza.
Aun así, lo que terminó marcando la diferencia fue la interpretación humana detrás de cada decisión.
👥 Un proyecto con rostro humano
Uno de los aspectos más valiosos y quizá menos conocidos es que en este proyecto participaron alrededor de 150 personas, incluyendo habitantes de comunidades cercanas como Pisté, X-Calakoop y San Felipe.
Ellos no solo aportaron trabajo físico. Aportaron conocimiento del clima, de la tierra, de cómo respira la piedra con el paso de las estaciones. Su presencia ayudó a que la conservación de Chichén Itzá se convirtiera en un esfuerzo verdaderamente colectivo.
En muchos sentidos, este premio también les pertenece.
🎨 Los colores que regresan, las historias que vuelven a hablar
Uno de los momentos más emocionantes del proyecto fue la recuperación de fragmentos policromados en el Gran Juego de Pelota. Ver aparecer tonos que llevaban décadas ocultos fue, para muchos en el equipo, una mezcla de sorpresa y emoción.
De pronto, escenas que solo imaginábamos empezaron a tomar forma. Figuras humanas, trazos, símbolos. Poco a poco, Chichén Itzá comenzó a revelar partes de su narrativa original, como si la ciudad hubiera decidido hablar un poco más fuerte.
Ese es, quizá, el mayor logro de la conservación de Chichén Itzá: rescatar no solo estructuras, sino voces.
🌱 PROMEZA y la importancia de invertir en la memoria cultural
El proyecto pudo avanzar gracias al Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (PROMEZA), que destinó recursos para cuidar un sitio que no descansa nunca. Chichén Itzá recibe visitantes todos los días del año; cada paso deja una huella, y cada temporada afecta su equilibrio.
Sin una inversión constante, sin un plan serio y sin especialistas comprometidos, sería imposible mantener vivo un sitio de esta magnitud.
🌎 ¿Por qué este premio importa más de lo que parece?
Porque reconoce una forma de trabajar que no se enfoca solo en “conservar piedras”, sino en proteger historias, significados y conexiones culturales que siguen vivas.
Premia también la colaboración entre instituciones y comunidades, y demuestra que México puede estar a la vanguardia en la conservación del patrimonio arqueológico cuando se apuesta por investigación, ciencia y sensibilidad.
La conservación de Chichén Itzá es un recordatorio de que el pasado no es un lugar al que solo miramos: es una herencia que cuidamos y compartimos.