Así empezó todo
Lo que parecía otro día de excavación terminó siendo una historia que nadie olvidará.
En el ejido Sierra Papacal, al norte de Mérida, un grupo de arqueólogos del INAH retiraba tierra y piedras cuando algo raro asomó: una forma demasiado precisa para ser simple caliza.
Quitaron más polvo, un poco más… y ahí estaba: el rostro de un anciano.
No era enorme, apenas unos 45 centímetros, pero tenía una expresión que detuvo a todos. Ojos profundos, labios gruesos, pómulos marcados.
Parecía estar mirando a los que lo habían despertado después de siglos de silencio.
Una escultura que habla bajito
Los especialistas dicen que la escultura maya de Sierra Papacal podría tener más de dos mil años.
Pertenece al Periodo Preclásico, cuando las aldeas mayas apenas se organizaban.
Y, según todo indica, el anciano no estaba allí al azar: la figura marcaba la entrada a un recinto ceremonial.
Una especie de guardián, el primero en ver llegar a quienes cruzaban el umbral.
No hay muchas piezas como esta. Normalmente se encuentran dioses, animales o rostros jóvenes.
Este, en cambio, muestra arrugas, cansancio y sabiduría.
¿Por qué un anciano?
Los mayas respetaban a los mayores. Eran quienes sabían los tiempos del campo, las historias, los ritos.
Así que no sería raro que esta figura representara sabiduría o autoridad espiritual.
Tal vez alguien importante del poblado, quizá un antepasado venerado.
Nadie lo sabe todavía, pero su rostro tiene algo que impone respeto.
“Hay piezas que te miran de vuelta”, comentó uno de los arqueólogos.
“Esta es una de ellas.”
Lo que sigue
El INAH ya trasladó la escultura a Mérida.
La limpiarán, revisarán con lupa los golpes de la herramienta y buscarán pigmentos antiguos.
Si encuentran restos de color, podría saberse cómo se veía cuando estaba completa.
De momento, el equipo sospecha que no estaba sola. Podrían existir otras esculturas similares marcando accesos, algo así como una pequeña avenida sagrada.
Pero eso, claro, tomará tiempo confirmarlo.
Sierra Papacal, un sitio que sigue hablando
Apenas a veinte kilómetros de Mérida, Sierra Papacal parece tranquilo.
Sin embargo, cada excavación demuestra que bajo la tierra el pasado no está dormido, solo espera.
Entre la piedra y el polvo van saliendo pedazos de historia: cerámica, muros, figuras… y ahora este anciano que vuelve a mirar el sol.
Preguntas rápidas
¿Dónde se halló?
En el ejido Sierra Papacal, durante excavaciones vinculadas al Tren Maya.
¿Qué representa?
A un hombre mayor, símbolo de conocimiento y respeto dentro del mundo maya.
¿Se exhibirá?
Sí, el INAH planea mostrarla en Yucatán una vez restaurada.
Un pedazo del tiempo
La escultura maya de Sierra Papacal es más que piedra.
Es una voz vieja que se dejó oír otra vez.
Y si uno la mira con calma, parece decir: “ya era hora de que volvieran”.